¿Qué tan inclusivo es nuestro mundo laboral?
- mariojrodriguezc

- 4 mar 2022
- 2 min de lectura
En esta era de la inclusión o no discriminación de las personas, encontramos que en el campo laboral existen muchas barreras que las personas enfrentan día a día. Y quiero referirme a tres segmentos específicos: los técnicos o profesionales jóvenes recién graduados o aun estudiando, las personas con discapacidad y aquellos mayores de 35 años. En líneas generales, las empresas que ofertan puestos de trabajo suelen requerir requisitos mínimos para cada puesto, con parámetros que establecen un rango de edad.
A los jóvenes les exige uno o dos años de experiencia, descartando previamente a aquellos que no reúnan dicho requisito, sin tomar en cuenta su formación, aptitudes y actitudes, que pueden determinarse en una entrevista, así como sus aspiraciones, motivaciones, entusiasmo, sus conocimientos frescos y actualizados, que inyectarían mucha energía a la empresa o entidad. ¿Cómo van a reunir los años de experiencia si nunca se les da la oportunidad? Las políticas de selección deberían considerar, antes de descartarlos, que el joven puede adaptarse y moldearse a las necesidades, políticas y proyecciones que la empresa necesite. La entrevista debe orientarse a explorar todas sus facetas, y valorar cómo su potencial enriquecería a la empresa. Como complemento, una pasantía con diseño evaluativo-formativo, puede contribuir a encontrar lo que la entidad necesite.
Con respecto a los discapacitados, pocas empresas o entidades fomentan su inclusión en el campo laboral, poco invierten en la infraestructura necesaria para el acceso a las instalaciones, así como las condiciones y facilidades de transporte, de mobiliario y oficinas, lo que podría caber dentro de sus planes de responsabilidad social empresarial. Un discapacitado únicamente tiene capacidades diferentes, está deseoso de ser incluido por la sociedad y no relegado, desarrolla otras habilidades y merece tener la oportunidad para mostrar cuan útil puede ser, técnica o profesionalmente. Realmente son muy provechosos para impulsar en sus compañeros, con su ejemplo, el continuo deseo de superación personal.
Sobre los mayores de 35 años, hace más de treinta años oí a uno de mis tíos sentirse excluido en su búsqueda de empleo, por sobrepasar ese límite. Desconozco cuáles son los parámetros, creo que se piensa que a esa edad aparecen enfermedades crónicas u otros padecimientos, que disminuyen la productividad y generan pagos patronales de subsidios de seguridad social, aunque esto no es automático. Estimo que, para ahorrar costos, se prefiere pagar menores salarios a empleados jóvenes y solteros, sin obligaciones familiares, dispuestos a trabajar por un menor salario. Al excluirles, se subestima la experiencia acumulada, las habilidades desarrolladas, el potencial de liderazgo y de mentoría a los más jóvenes, el conocimiento del medio y de los contactos, y otros recursos que hacen idóneas a estas personas para los distintos puestos.



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