¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?
- mariojrodriguezc

- 27 mar 2024
- 2 min de lectura
Con ímpetu juvenil laboramos largas jornadas, sin pensar en las consecuencias de esos excesos. Cuando recapacitamos, años después, tenemos padecimientos derivados del stress laboral: vista, presión, diabetes, insomnio, dolores de cabeza, ataques cardíacos y derrames cerebrales. Por ello, separemos vida profesional y vida personal. Aun solteros, la frontera entre el trabajo y la vida personal es muy importante. Supe cuidarla trabajando y estudiando de noche , evitando interferencias en mi vida personal, familiar y social. Cuando tenemos nuestra propia familia, es importante marcar distancia entre lo familiar y laboral, pues el éxito de toda entidad son sus recursos humanos productivos y cooperativos, porque están estimulados con una vida personal y familiar. Personalmente pude ver como compañeros de trabajo llevaban problemas de la casa al trabajo y viceversa. Dos sufrieron derrames cerebrales y uno un ataque cardíaco por exceso de trabajo, algunos con secuelas permanentes. Puedo dar fe que rendimos mejor en nuestra vida laboral cuando estamos motivados con una vida personal y familiar satisfactoria y plena.
¿Cómo lo solucionamos? Enfocándonos en la definición precisa de funciones y competencias de cada empleado o profesional, en la organización, los procedimientos, los métodos simples y la planificación del trabajo, todas tareas indispensables para marcar esas distancias. La indefinición de funciones, la imprecisión de competencias y límites, produce excesivas recargas laborales que presionan innecesariamente a unos, producen inactividad en otros, y causan recelos y hasta divisiones en el equipo de trabajo. Un trabajo reactivo y poco propositivo, muchas reuniones improductivas, con vagas agendas o sin ellas, y la improvisación en el manejo del tiempo, son aspectos que pueden corregirse y evitar el stress laboral, las jornadas extraordinarias y la invasión del trabajo en los espacios privados y familiares del trabajador, el técnico o el profesional.
Evitamos el stress y rendimos al máximo cuando nuestra vida personal cuenta con espacios de recreación, descanso, esparcimiento y cuando nuestra vida familiar es plena, dedicándole esa pequeña parte del día a cada miembro de la familia, que merece tiempo de calidad. Esto solo será posible con equilibrio entre el trabajo y nuestra vida fuera de él. El trabajo va y viene, un día de tantos prescinden de nosotros porque nadie es indispensable. ¿Y al final qué tendremos, vida solitaria o acompañada, cónyuges e hijos satisfechos o vidas deshechas? ¿Vale la pena sacrificar nuestro propio mundo por sólo una parte de él?



Comentarios